PRIMER CAPITULO
LLAMAN POR EL PORTERO ELÉCTRICO.
__Quién es?
__Soy yo.
Es Jorge, el mejor amigo de Nando que se adelantó al resto para poder hablar un rato con él.
Mientras se mezclan en un abrazo, Nando le dice:
__Qué hacés loco, estás gordo, eh?
__Claro, si ya no vamos como antes a hacer gimnasia.
Ambos cumplieron los veinticuatro años, la flor de la edad física, son fuertes y macizos,
y la gimnasia para ellos es una necesidad.
Hacen planes para este fin de semana mientras esperan a los otros.
Suena el timbre y atiende Jorge porque Nando está acomodando su ropa en el bolso.
__Hola.
__Somos nosotros ya estamos todos -dice Cristian dueño de una camioneta grande en la que
entran los seis-.
El resto de los muchachos esperan en el Anexo del Club de calle Oroño.
A las cuatro empieza el partido, parejo porque son todos casi de la misma edad,
y cada uno de ellos jugó en su respectivo pueblo y siguen entrenando para no perder el
estado físico.
Termina el encuentro que les hizo perder varios kilos y una vez en las duchas
-donde las mediciones y las jodas son inevitables- todo es chacota y jarana, se tiran con
jabón, se pegan con la toalla y mejor no agacharse para levantar nada, pues el patadón
puede ser formidable, están entrenados los muchachos.
Cambiados los seis se vuelven para el centro, buscando un lugar para reponer energía.
Como Nando no toma a la altura de los demás, siempre es motivo de cargadas y ya se
acostumbró a ello. Todo lo contrario es Cristian -el más loco del grupo- que no se
mide para nada. Los padres de Cristian viven en Leones, Provincia de Córdoba,
son dueños de mucho campo y mucho dinero, por eso él estudia Agronomía, facultad que está
junto a la de Abogacía, causa por la cual se conocen con los otros muchachos.
Cristian dice:
Nando, no seas tímido mandate otro trago que ya sos casi abogado, tenés el título debajo del
brazo.
_Uds carguen, yo me la banco, ya tendré tiempo de probarle el vino a mi viejo, que de eso
entiende bastante, por ahora lo más importante es mi carrera.
Gerardo, otro de los muchachos, que estudia de Contador dice:
__No chupás pero morfás de lo lindo, eh Nando.
Y le contesta:
__Sí, la verdad que morfo a lo loco y como ven no lo transformo en grasa como vos, salamín
-y cancheramente le pega en la cabeza-, qué querés? el cuerpo me pide y yo le doy
-claro, Gerardo no es feo aunque tirando a gordito-.
José es compañero en la facultad de Nando y Jorge, los tres han empezado a estudiar juntos,
ahora está más rezagado que los otros y sabe que a Nando le faltaba poco para recibirse;
como estas cosas son molestas preguntarlas y ahora a Nando lo tomaron de punto, aprovechó
para preguntar:
__Te falta poco no? te vamos a perder cuando te recibas?
__Nunca nos tendremos que perder, -dice Nando- los amigos deben ser siempre amigos,
aunque a veces hay que tener aguante, pero bueno...
__¿Cuánto te falta?
__Sólo una.
Que bien, que bárbaro, que fantástico, dicen todos, menos Sebastián que es de no hablar;
compañero de Cristian en Agronomía, muy retraído, ya todos saben que es callado; eso sí,
se fija en todo -de mucha observación- y tiene una memoria que se acuerda hasta de los más
mínimos detalles de lo que ve y escucha. Es de muy buen corazón.
Cristian vuelve a preguntar:
__¿Cuál te falta?
__Tributario.
Casi todos hacen oooh, como repudiando el hecho de que los países recurran al impuesto para
mantenerse.
__Jorge no me dejará mentir -dice Nando-, me conoce bien. Yo nunca estudié para aprobar un
examen, estudio porque quiero saber todo hasta donde es posible, y esta materia no me gusta
tanto, la dejé para el final porque quiero darle un estudio especial; quiero hacer un trabajo
por medio del cual se pueda lograr saber cuál es el impuesto más justo y en qué medida debe ser
aplicado. Hay que determinar: quiénes deben quedar excluidos de los impuestos y sobre quiénes
debe recaer la mayor parte del peso impositivo.
Jorge terminó el secundario en el San José con Nando, su padre es un gran profesional, muy
intelectual y tecnócrata. Tiene mucha habilidad en la interpretación de las leyes y la
forma de evadirlas en la práctica. Fue de mucha ayuda para los chicos cuando empezaron la
carrera por las explicaciones acertadas que les dio.
Cristian, volvió al ataque y dice:
__Bueno, basta de pavadas, vamos al grano qué hacemos este fin de semana?
Responde Sebastián y todos lo miran como si escucharan hablar a un muerto recién salido de la
tumba.
__Este sábado estamos salvados, es la fiesta de Agronomía en Plaza.
__Eso es mañana -dice Jorge- hoy Nando tiene otra en sus pagos, podemos ir todos.
Cristian siempre quiere ser el organizador, le gusta ser el caudillo, los otros lo dejan
para no herirlo en el orgullo, porque tiene carácter leonino, no es malo; es necesario
frenarlo a veces y otras, lo dejan hacer, aunque controlado, tener las riendas sueltas puede
ser peligroso. Como siempre debe haber un conductor, a los otros les conviene dejarlo actuar.
Por eso le dice a Nando:
__Listo, a qué hora nos encontramos en tu casa?
__Puede ser a las diez, así picamos algo y charlan con el viejo que hace mucho que no los ve.
Jorge pagó al mozo como es su costumbre y salen; es el que más dinero dispone del grupo y
cuando los otros quieren arreglar las cuentas, él se enoja, entonces ya no le dicen más nada.
Dejan a Nando y Jorge en el departamento del primero y antes de arrancar la Chata, Nando le
grita a Cristian:
__Ojo esta noche con la curva de la "muerte" de Pérez.
Sale a todo lo que da y Jorge dice:
__No sé si escuchó, pero es inútil, esta noche a esa curva la va a pasar a la velocidad que
se le ocurra y pobre los que viajen con él.
Los padres de Nando viven en una granja de Zavalla, pueblo pegado a Rosario; saliendo por la
Avenida Godoy que se transforma en Ruta 33, se llega a la ciudad de Pérez y luego al pueblo
de Zavalla. Entre las dos poblaciones hay una curva llamada de la muerte por la cantidad de
accidentes que ha ocasionado. Es consecuencia de los trazados antiguos del país, los que no
se modificaron por falta de dinero. Esta curva es imposible de olvidar, hay señales de todo
tipo avisando el peligro, hay que doblar noventa grados a la izquierda, atravesar el terraplén
de las vías dobles del ferrocarril y volver a doblar noventa grados a la derecha, todo para
seguir en la misma dirección -Oeste-; no hay que sortear ningún accidente geográfico,
sólo fue para generar accidentes, que no es lo mismo.
Son las ocho cuando Nando y Jorge salen de la cochera del edificio Cóndor rumbo a la casa de
este. Calle Hernández en Alberdi, lugar en el que se encuentran las mansiones más fabulosas
de la ciudad. Van por el bajo hasta el Club de Velas, suben una cuadra, hacen varias y ya está,
Jorge abre con el control remoto un portón que por su seguridad se puede comparar al de un banco. Entran a un lugar que hace poner colorada a la Renoleta verde de Nando y si el portero no la reconociera le estaría tirando con la bazooka que tiene en la cochera. Rodeada por un gigantesco parque surcado de canteros con flores exóticas, fuentes y estatuas, se encuentra la mansión así adornada que llama poderosamente la atención. En el frente Este, el parque continúa bajando por la barranca hasta llegar a la autopista que los separa de los clubes del Río, lugar donde edificaron suntuosas mansiones.
Nando a propósito le pregunta:
__Jorge, qué se siente vivir en una casa así?
__Vos sabés lo que se siente, no disfruto para nada, mi familia es un despelote, no soy
envidioso pero tu familia es para imitar. Mi viejo no está nunca, mi vieja podrida de aguantar
tantas injusticias vive tomando pastillas y está siempre dormida, mi hermana neurótica
terminó en la anorexia, tengo más confianza y amistad con el personal que trabaja en la casa
que con mi familia.
__Te comprendo, no te hagás problema, vos sos una excepción.
__Subamos que me cambio rápido y nos vamos.
La casa es interminable, el dormitorio de Jorge es más grande que todo el departamento de
Nando.
Se puso ropa sencilla, de marca tan costosa que ninguno del grupo podría usar, el padre se la
trae de Buenos Aires o del extranjero, pues viaja más seguido a Europa que Nando a Zavalla.
Salen rumbo a la Granja de los Salvatierra, pasan Pérez y llegando a la curva fatal, Nando
le dice:
__Fijate la cantidad de carteles indicadores de esta curva -dieciséis- conocés algo parecido?
__Es verdad, ¡qué vergüenza, en qué país vivimos!
__Yo a esta ruta la conozco como la palma de mi mano y en tantos viajes tengo algunas
historias. Mirá lo que me pasó hace poco, venía para Rosario y cuando estaba llegando a esta
curva, como siempre todo calculado y sin pensar, ya había largado el acelerador para empezar
a frenar, cuando me pasa sorpresivamente un Fiat uno, a ciento veinte kilómetros por lo menos,
pensé enseguida -este tipo no conoce la ruta- y yo haciendo fuerza para que frene su auto, es
como que me estaba obligando a ver un desastre en el que no quería intervenir y alcanzo a ver
cuando dobla en la primer curva, al tocar el terraplén saltó, pasó de largo las vías y los
alambrados y se zambulló en la cuneta ancha del otro lado, donde los camiones atmosféricos de
Pérez tiran toda la porquería, vos me entendés, no?
__Sí, sí, qué pasó? -dice Jorge-.
__Llegué donde estaba el auto, paro en la banquina, me bajo, llego a la cuneta y veo que
estaban saliendo de adentro del auto que estaba metido dentro de la mierda de la que ellos
estaban llenos, un olor imposible de aguantar. Nadie los quería llevar, pasaban de largo,
mirá si viene tu viejo con el Mercedes qué hacés? Llegó una chata vieja y se los llevó atrás,
qué me contás?
__Increíble.
No sé que habrán hecho.
Justo cuando Nando termina la anécdota se ve un cartelito que dice: Zavalla;llegando a
la primer curva del pueblo hay otro cartelito que indica: Coronel Arnold, de donde sale un
camino que a sólo siete cuadras y a la derecha hay una entrada muy bonita, con dos luces de
muy baja potencia, en la que se alcanza a leer sobre un tablón rústiconom?a de Rosario.
Durante varios años se fue formando una GRANJA que con el tiempo llegó a ser modelo, la
famosa Granja de los Salvatierra -PREJUICIOS?.
Mientras Nando se fue a cambiar de ropa sus padres hablan con Jorge.
__Hacía rato que no te veíamos por acá Jorge, al fin -dice Lucía Martino de Salvatierra,
la madre de Nando-.
__Es verdad, pero a veces se me complica venir a Zavalla, aunque estamos cerca, tengo que
disponer de medio día al menos y aunque lo único que hago es estudiar, me falta tiempo.
Me gustaría venir para quedarme unos días.
__Mirá que ener los vagos deben traer un hambre brutal.
__No te preocupes, Alicia ya preparó todo, Jorge nos dijo cuantos son a comer -aclaró la madre-.
__Van a probar un vino de San Rafael que añejamos nosotros, es un Borgoña grueso como me
gusta a mí -dice Bautista- vamos a ver qué les parece.
__Desde que lo conozco Bautista, Ud me ha inculcado un concepto distinto del vino que no es
el común de la gente -le dice Jorge-.
__Yo considero que el vino es una cosa seria y algo para prestar mucha atención.
Alguien hizo el vino para que realmente sea lo que es, no es causalidad que Jesús lo haya
tomado como el símil de su sangre. Quien sabe realmente de vinos, debe saber que dentro de
la vitivinicultura se esconden muchos secretos difíciles de comprender.
__Como ven, enr lo bajo Gerardo le dice a Jorge.
__Che, el viejo parece un cura.
Callate boludo, que te va a escuchar.
Luego de hacer la bendición correspondiente, Bautista brindó por la amistad.
__Don Bautista, esto sí que es un vino -nunca se sabe si Cristian habla en serio o en joda-.
__Me alegro que te guste, eso sí, hay que cuidar la dosis, de lo contrario en lugar de ser
una bendición pasa a ser una maldición, ese es uno de los secretos del vino.
__Ese es mi problema Don Bautista, la dosis siempre se me pasa y después mis amigos tienen
que hacerse cargo de mis locuras, ya Sebastián tiene orden esta noche de llevarme si no estoy
en condiciones de manejar.
Sebastián mira sin hablar y ve el despliegue fantástico de distintas comidas que Nando les ha
dicho: -Todo se hace en la Renoleta indicando el camino, ingresan al pueblo por la parte de
atrás y se dirigen al centro de Zavalla, llegan a una casona antigua de dos pisos altos con
mirador, le abren un portón verde con tranca y pasan al lugar para estacionar.
Bajan, miran la casona y Gerardo le pregunta a Nando.
__Che qué casa! de dónde salió esto?
__A mi viejo le contó larguirucho? un viejo amigo del pueblo, que es flaco y alto,
muy buen tipo, que a esta casa la hizo construir el más rico del pueblo con el mayor cuidado
arquitectónico, se inauguró hace cien años, y como ven, ahora es el reducto para hacer las
fiestas, o sea que se ha denigrado lo que en otro tiempo fue un hogar. Mi viejo me contó, que
si el que la construyó supiera en lo que terminó su sueño, nunca la hubiera construido;
aunque también sabe positivamente, que el que la mandó a construir se olvidó que una casa,
es para albergar una familia, y si uno no está preparado para hacer una familia no tiene
porqué hacer una casa y menos como esta.
__Che pero que bárbara -dice Cristian-, mirá el terreno.
__En su tiempo abarcaba la manzana entera y había de todo.
__Como en PREJUICIOS?-dice José-.
__No, era sólo una casa de familiara de la casa de donde se ve un límpido cielo estrellado.
__Es una noche hermosa para tomar cerveza -le dice Nando a Sebastián-.
__Nando, -mirá como te copian esas minas! -le dice Sebastián-.
Para que hable Sebastián debe ser algo que realmente llame la atención, Nando ya acostumbrado,
nunca hace alarde de sus condiciones, marcando un índice de humildad relativo, dice:
__Las conozco y no les doy bola, si te gusta alguna decime que te la presento.
__Sí me gustan, pero no tengo ganas de hablar.
__No seas boludo, decime cuál te gusta.
__No, no, dejalo ahí.
Nando siempre es el foco de atención por su pinta descomunal; en cambio, Sebastián es un
morochito, medianito, de piernas chuecas, pelo bien negro lacio y aplastado, cara alargada,
inexpresivo como Droopy -el dibujito animado-. El padre de Cristian cubre todos los gastos
de Sebastián porque sus padres se fundieron en un negocio de ferretería que tenían en la
ciudad de Leones; al mandar a Cristian a estudiar a Rosario, compró una casa donde viven y
estudian los dos.
Al rato se acercan dos muchachos del pueblo conocidos de Nando -Tonetti y Petrochi- familias
viejas del pueblo, compañeros de la primaria y de mucha confianza. El Negro Tonetti le dice a
Nando.
__Cómo va el asunto con Asunta?
Nando que es muy bueno, nunca toma las cosas a la tremenda aunque lo hieran Intimamente.
En los
pueblos la gente es muy jodida a veces, ya es una costumbre, la cargada pesada, el mofarse
de
los problemas ajenos; por otro lado la gente también es buena, en el sentido de ayudar y
hacerse
carne del sufrimiento de los demás, lo que hace un poco paradójica la forma de pensar y
actuar,
distinta a la gran ciudad donde nadie se conoce en profundidad y todos son indiferentes.
Sabiendo Nando la costumbre pueblerina y adecuado a la forma de vivir de Rosario, con cara
de disgusto le contesta.
__Negro, vos sabés como soy yo, nunca podría hablar de esa persona y menos en un lugar como
este.
__Eh, no te chivés que estamos hablando en joda, vení tomemos algo.
__No Negro, no estoy enojado con vos por qué tendría que estarlo? Al contrario, vos no te
enojés, por no contarte lo que, tal vez, estabas esperando.
Entra en la conversación Petrochi, como para moderar y Sebastián tiene los ojos más abiertos
que el dos de oro aunque no pierde ningún detalle de la conversación, ni siquiera la postura
de las manos, nada.
__Nando, te estamos jodiendo cuándo vas a venir al ?usca? no te acordás los goles de cabeza
que hacías en cada partido? que hacés ahora, si lo vas a ver a Ñulse4r8ºº1 gyh
__No, tambi?n voy a ver a Central. Yo pateo para Rosario sea qui?n sea, C?rdoba, Argentino y ahora tambi?n est? Tiro que se puso a tiro; como ves sigo a Rosario a muerte. Nunca me olvido de los picados que hac?amos en el ?usca? con Uds aprend? a jugar. Ahora, si quieren conocer a un gran jugador -se?ala a Sebasti?n y les dice- les presento a Sebasti?n. Seba te presento a mis amigos de Zavalla, fuimos juntos a la escuela, el Negro y el Nabo, son como deben ser, jodones y buenos tipos.
__Un gusto en conocerlos.
_ Así como lo ven callado y tranquilo, si no hubiera sido por un hijo de su madre que lo quebró hoy estaría en Boca o Ríver.
Decile a Sebastián, rompé el silencio, decile como es la cosa.
Si, es verdad todo, menos que podría estar en Boca o River, eso es cosa de Nando. Continúa en:
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